Time is money

18 09 2007

Sin duda uno de los recursos más dificil de administrar en los proyectos que me tocó estar, es el tiempo. Si bien otro recurso limitado para la mayoría de los entrepreneurs es la plata, siempre hay forma de ingeníarselas. Pero el tiempo no se puede multiplicar ni pedir prestado, el día tiene 24hs por más que lo quiera estirar.

Claro, pero también podríamos contratar gente, y delegar! Y así nuestras manos y cerebros se multiplicarían x2, x10, x100.

En verdad cuando uno emprende un proyecto va haciendo camino, uno sigue su intuición y a veces va a ciegas u otras veces simplemente “me gusta hacerlo a mi manera” (el paradigma de mi obsesión). El tema es no caer en la trampa.

Y cual es la trampa?

Siempre me gustó verme a mi mismo como una persona ocupada y llena de proyectos. Dicen que la realidad es lo que te crees. Y así yo caí y sigo cayendo en la típica frase “no tengo tiempo” cada vez que algo se sale de los planes.
La lección fue díficil y así todo no definitiva, pero por lo menos ahora soy consciente de eso y si bien sigo cayendo en la trampa, cada vez que me doy cuenta lo que acabo de decir puedo detenerme a pensar -por que lo dije?.
En verdad siempre tengo tiempo para lo que quiero hacer, simplemente tengo que decidir que es lo que quiero and “just do it”.

Un desafío interesante me hizo comprender el valor del tiempo y como administrarlo cuando es verdaderamente escaso y sobre todo cuando eso se suma a la falta de efectivo. Este proceso me enseñó a esquivar esa trampa y a crear mi propia realidad.

Hace un par de años me tocó tomar el control de un proyecto que venía en números rojos hacía tiempo, con un equipo muy chico que además estaba un poco desgastado por lidiar con una infraestructura y un proyecto que no hacía píe.

En ese momento decidí tomar lo que había y pensar en ello como la posiblidad de un inicio de cero en vez de analizar los problemas. Básicamente junté a los miembros del equipo y empezamos a trazar el camino desde el día uno. De esta reunión realmente surgió  una oportunidad cuando más de la mitad del equipo me comunicó que dadas las circunstancias decidían dejar la compañía.

Bueno, ahora sí, estábamos de cero o casi, por que del otro lado de la historia los clientes a quienes le prestábamos servicios no paraban de llamar con quejas y problemas. Se estaba gestando la tormenta perfecta. Había que tomar una decisión rápido, pero también tenía que ser una decisión acertada ya que de lo contrario la cosa se iba a poner peor. Opté por tomarme una semana para trazar el plan.

Esta vez tuve que aprender a administrar mis tiempos y los del proyecto, estaba entre salir corriendo a atender las quejas de nuestros clientes o resolver las cosas de manera definitiva. No estaba loco, así que decidí dejar sonar el teléfono hasta que pudiera dar una respuesta segura.

A la semana había ideado un plan y al mes habíamos formado un equipo de 5 personas rescatando algunos de otras áreas de la empresa que tenían ganas de hacer un cambio y contratando a otros.

A partir de allí los objetivos y las premisas eran simples y claros, cada uno tenía una única tarea, tenía que llevarla adelante y nuestro capital éramos nosotros mismos.

Este fue otro punto importante, ya que en base a las metas que planteaba nuestro plan armé un objetivo muy claro para cada persona y un tiempo límite para alcanzarlo, no había distracciones, ni otras prioridades, todo lo demás simplemente no importaba.

La verdad es que cuando digo “no importaba”, no es que realmente fuera así pero dado los recursos y el tiempo que teníamos para encarar todos los temas, había que elegir cual atacar y el resto descartarlos y no perder el tiempo por más crítico que fuera, debíamos seguir a toda costa el plan definido y cumplirlo para que el resultado fuera exitoso.

6 meses más tarde habíamos logrado el objetivo y las aguas estaban calmas. Habíamos establecido una política de atención al cliente y tableros de comando, habíamos renovado toda la infraestructura tecnológica sin perjudicar el negocio y habíamos reformulado los precios y planes recategorizando a todos los clientes que decidieron acompañarnos.

Al año de haber tomado el desafío el proyecto no sólo era rentable sino que había triplicado sus ingresos.

Claro que después de semejante corrida y tanto trabajo duro, el equipo se fue reacomodando a sus viejos puestos y otros consiguieron importantes posiciones en otras empresas un poco apoyados por la experiencia vivida. Y allí comenzó otra historia….


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2 respuestas

19 09 2007
DGZ

Sin duda la administración del tiempo es de las tareas más importantes para la vida y la única manera de que esa administración trabaje en función de la propia felicidad es definiendo prioridades. Cómo decís en el artículo no es que falte el tiempo sino que uno no tiene interés suficiente en dedicarle tiempo a alguna tarea determinada. El problema es que cuando uno no tiene claro cuales son los intereses primarios y secundarios el tiempo propio se va ocupando con las cosas que surgen y no con las que a uno realmente le importan.

Abrazos,
D

19 09 2007
Daniel Soldan

Diego, gracias por tu opinión siempre tan claro. Muchas veces nos toca administrar cosas que tienen cero valor o no son nada divertidas, pero por lo general muchas veces los negocios depende de que alguien tome activamente ese tipo de tareas y las lleve adelante. Obviamente mientras más rápido y definitivamente te las quites de encima, más tiempo para lo bueno!.

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